sábado, 26 de marzo de 2011
jueves, 3 de marzo de 2011
La trenza
Al perder el honor, le cortaron el cabello. Recluida en el último torreón de la casona, lejos de las lenguas de las familias honorables y repudiada por su familia, sólo le quedaba el recuerdo de amable y ese retazo de horizonte que enmarcaba la pequeña ventana.
Al pasar los días, notaron cómo su cabellera crecía asombrosamente. Tanto, que le arrastraba por el piso. Como la reclusión era por tiempo largo, decidieron que cada mañana cortarían el cabello a ras, pero sin explicación, en la noche crecía de nuevo.
Cansados con la rutina del corte diario y el continuo afilar de las cuchillas, abandonaron a la muchacha. Los cabellos salieron de la habitación y recorrieron las caballerizas, el prado, los lagos, daban la vuelta a las colinas, servían de techo para las chozas humildes de los campesinos, los mendigos se abrigaban en las noches heladas, los pájaros hacían allí sus nidos y los amantes retozaban sobre ese lecho de pelo mullido. Sólo sus familiares levantaron grandes murallas para aislar la gran casa, pero ese cabello crecía como los bejucos de las selvas tropicales.
La mujer, al sentirse tan desgraciada, llamó a la vieja niñera y le pidió tejiera una enorme trenza con sus cabellos para formar un puente que la uniera con las miradas, las voces, las manos y las historias que en sus largas ensoñaciones presentía.
Efectivamente, trenzado el puente, empezó a llegar una romería de personas para maravillarse ante tal fenómeno. Como a una virgen le llevaban flores, veladoras, las mejores cosechas y hasta hubo varios hombres que se enamoraban de aquella cabellera tan voluptuosa; otros decían que era obra del demonio y para acercarse a ella, llevaban un crucifijo y un collar de ajos colgado al cuello.
Así transcurrió la vida de esta mujer, hasta que una noche la sorprendió la muerte y con ella el final de la cabellera oscura. El cuerpo fue embalsamado y asegurado a un roble para que la trenza continuara de puente colgante.
Desde ese entonces, se le conoce como el puente del honor perdido.
Nana Rodríguez Romero
Del libro La casa ciega y otras ficciones. Editorial Magisterio, 2000
jueves, 10 de febrero de 2011
EL BESO DE LA NOCHE
En los cuentos de El beso de la noche de Pablo Montoya, el lector se encontrará con una voz poética inquietante y muy difícil de olvidar. Con las cualidades indiscutibles de una verdadera literatura de autor, los presentes relatos nos llevan, de la mano de una retórica impecable, no sólo a los límites de la realidad cotidiana sino también a los de una fantasía con personajes que estremecen la imaginación de cualquiera.
Julio Paredes
viernes, 4 de febrero de 2011
BORGES Y LOS GATOS
Borges y los gatos
Mi gato sube cadencioso las escaleras del altillo, se acerca, lame las manos del retrato de Borges, me mira, se acuesta a sus pies, y para mi asombro, forma un círculo frente al sendero de miradas que se bifurcan.
NAna Rodríguez. Del libro, Efecto mariposa
miércoles, 5 de enero de 2011
Concepto de identidad e infinito
Concepto de identidad e infinito
A Manuel Suárez
Al filo de la madrugada, rodeado de tratados de astronomía, física cuántica y topología, con las manos sobre la frente, asombrado ante la curvatura e infinitud del espacio, de los millones de soles y de galaxias que pueblan el universo; los agujeros negros, la antimateria, el tiempo, levantó los brazos aterrorizado y gritó a su compañera:
_ ¡Eloísa, Eloísa, no somos nada!¡No somos nada! Ella, entre dormida y despierta le contestó:
_ ¡Claro, si usted siempre me ha negado! Y volteó la espalda para continuar durmiendo.
Minificción del libro La casa ciega y otras ficciones. Magisterio 2000
sábado, 1 de enero de 2011
Palabras migratorias
El viejo embolador
Este rostro, esta nariz, esta boca siniestra
están en otra parte, en un cuadro de Brugel,
pero ahora son de aquí, de esta esquina del mundo,
a donde llega el político obeso
con sus grandes zapatos de payaso
y su pipa que exhala un vapor tercermundista
Los emboladores están en fila, cabizbajos
como lo dicta la tradición de su oficio:
tantos años de inclinación han formado su ángulo,
tienen frente a sus manos de betún a un hombre con patillas,
a una mujer con grandes botas que se siente la reina del cuero
en medio de la plaza,
todos tienen un cliente, menos el viejo embolador,
cada vez más doblado sobre su caja de alpiste, sin canarios
Para que su jornada no se vaya en blanco,
me siento frente a su caja de betunes,
ahora sí, queda completa la pintura de Brugel
Rinoceronte
Me llaman el fósil cuaternario
tanque de guerra
bestia gris de las praderas
el ciego arrecho que persigue a la hembra
el sordo que no escucha los obuses
y solitario cuida su cuerno
de furtivos cazadores
Si supieran los mitómanos
que apenas soy un ángel acorazado y sediento
recién salido del pantano
El poeta Ordóñez, si bien no llega a ser expresionista, posee una carga de nostalgia que va más allá del expresionismo en sus poemas. Su escritura es pausada, tranquila, reposada, sabia y diciente. El lector camina por el escenario de una película italiana: uno podría tropezarse con Sofía Loren o con un ladrón de bicicletas en cualquier momento, lo curioso sería que la banda sonora, casi obligatoriamente, tendría que pertenecer al trópico latinoamericano: el bolero, Matamoros, La sonora Matancera...
Miyer Fernando Pineda
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




