sábado, 4 de julio de 2020
viernes, 7 de abril de 2017
La cometa infinita
La cometa
infinita
Todavía siento vértigo cuando recuerdo el día en que fuimos
a elevar cometas en la colina, a unas cuadras de mi casa .
Ese día íbamos Alberto, Rosa, Margarita y John, cada uno
con una cometa diferente, cada uno presumiendo de tener la más bonita, la más
novedosa, la más aerodinámica.
Nos dispusimos en sitios estratégicos en donde la dirección
del viento nos prometiera un mejor manejo de nuestro animales del aire.
En veinte minutos ya teníamos nuestra ave de papel izada
muy cerca de las nubes. Sus colas se movían agitadas, estábamos felices. Mi
cometa que era un tigre con alas de mariposa, pedía y pedía cuerda, pero ya se
la había dado toda; de pronto tiró tan fuerte de mí, me dio un jalonazo tan
grande, que me elevó por sobre mis amigos, ellos gritaban y chiflaban
sorprendidos, me decían que no me fuera a soltar por nada. Agarré la caña con fuerza y cerré los
ojos. Cuando sentí que el viento se
ponía más suave, abrí los ojos y vi desde arriba cómo pasábamos por encima de
mi ciudad, como si viajara en avión o en
globo; al frente teníamos un gran ejército de nubes, mi cometa me
arrastró hasta allá y ya no vi más ciudad, la niebla se fue disipando poco a
poco, la cola de mi tigre mariposa ondulaba en ese nuevo espacio, para mí
desconocido, flotábamos sobre una especie de desierto rojo, lleno de vapores
que subían y rayos que partían esa atmósfera, recordé las películas de ciencia
ficción que tantas veces he visto por la televisión, llegué a pensar que se
trataba del planeta Venus. Entonces, para no sentirme tan solo decidí hablarle
a mi animal del aire y le pregunté hacia dónde nos dirigíamos, me respondió con
una voz gruesa de tigre, que era solamente un paseo por la vía láctea que él
quería regalarme en recompensa por haberlo elegido entre tantas cometas que
había en el parque.
Al escuchar al tigre alado, me tranquilicé y aflojé un poco
la cañita del cordel que ya me había sacado ampollas por la presión que le
hacía. Luego pasamos por sobre una naranja llena de hoyitos y
burbujas que salían de allí y se elevaban en el espacio, yo los podía coger con
mi mano y se desaparecían . Después pasamos por un bosque de
árboles de todos los colores, pero eran árboles de cristal que se convertían de
un momento a otro en fuentes de agua, era bellísimo ver toda esa agua erguida,
brillante, de todos los colores imaginables, cuando se detenían en su raíz, un
vuelo de pájaros se alzaba y llenaba el aire de cantos y aleteos y de nuevo los
árboles y así hasta el infinito. Yo no me quería ir de allí pero la cuerda de
la cometa me halaba contra mi voluntad; la cuerda se había hecho infinita pues
ya no veía al tigre mariposa, esto me llenó de temor y empecé a enrollar la
cuerda y a enrollarla y a enrollarla hasta que se fue formando una gran bola de
cordel y nada que aparecía el tigre, seguí enrollando hasta que la bola era
casi de mi tamaño, cuando ya no pude más caí sobre la colina dorada todo
enredado por la cuerda, pero mi animal de papel, ese tigre loco, se había quedado
por allá arriba y mis amigos ya no estaban.
Me devolví triste para la casa y pedí a mi mamá me comprara
otra cometa igualita a la del tigre mariposa, ¡pero qué va! , ya no había una
sola como esa, decidí llevarme un dragón abeja, pero al izarlo, lo podía ver
perfectamente y no me pedía cuerda, ondeaba muy bonito en el azul del cielo
pero no era tan arriesgado y aventurero como mi tigre de papel. Todavía guardo la bola de cordel en el
armario de mi habitación, pueda ser que algún día de agosto, entre las cuerdas
de alguna cometa, vuelva enredado mi tigre mariposa.
Colibrí Ediciones, 2017.
sábado, 18 de febrero de 2017
Bebo
un agua oscura
en
el vaso de la incertidumbre
todos
los sentidos.
La
bitácora no está
en
el centro de la circunferencia
ni
en sus bordes
pues
el reino del azar
desteje
el camino avanzado.
Camino con alforjas de aire
y un globo encendido
y un globo encendido
soy
candil que parpadea
en
medio de la selva y sus secretos.
El
hilo de Ariadna
yace
ovillado en manos invisibles.
Del libro, El orden de otros días, 2016
sábado, 17 de diciembre de 2016
El orden de otros días
Cinco
Todos
se han marchado
cuando
el surco
en
su afán de reverdecer
se
agita tras las esporas
de
septiembre.
El
centro del mundo
es
para el ave su nido
rama
a rama
pluma
a pluma
hasta
que los polluelos
aprenden
la magia del vuelo
y
marchan hacia otras coordenadas.
El
viento del norte está lleno de revelaciones
mañana
estarán las casas
postradas
bajo el agua
la
desolación acampa
en
estos territorios
sin
más ley que la naturaleza
y
su voz aterradora.
Cómo
callamos
cómo
reverenciamos la quietud
y
el orden de otros días
pero
los pájaros
ya
no vienen a beber en el humedal
mudaron
sus vuelos hacia tierras más propicias.
Quizá
cuando el mar
o
el fuego reinen
sobre
esta madre deshonrada
seamos
sólo evidencias de la depredación
y
el ruido del espíritu.
lunes, 14 de noviembre de 2016
domingo, 27 de diciembre de 2015
jueves, 20 de agosto de 2015
Los poemas del desasosiego, de Carlos García
Monólogo ante el espejo
Entrar en un libro de poesía, es vadear
sobre las corrientes del lenguaje, el pensamiento y las emociones, bucear en el
océano de la voz que murmura o grita o calla verdades íntimas que dialogan con
el tiempo y el ser, en este caso, en el libro
Poemas del desasosiego, de Carlos García
El título del libro ya es una
invitación a la temática que allí se desarrolla, poesía de aquella que nos desacomoda, nos
hace dudar, nos plantea preguntas, nos deja en la incertidumbre, hablando solos
ante un espejo que a veces se empaña, con un lenguaje sencillo, sin artificios
ni erudición ruidosa.
El libro se compone de seis apartados
con temas universales como la soledad, el tiempo, el ser, el amor, la muerte,
el poder, el conocimiento y el descreimiento, la locura, todos con el tono del
desasosiego del hombre actual que existe en un mundo del consumo y la banalidad,
de la violencia y el egoísmo donde
“existir es tan inmenso como morir” y dónde se nos interroga: “¿querer algo que
nunca será tuyo/ eso es a lo que llamas existir?”
La imagen que tengo después de la
lectura del libro de Carlos, es la misma del título de esta presentación, es un
largo monólogo que el poeta teje en profunda soledad ante un espejo, a veces en
primera persona, a veces como un alter ego que lo acompaña;“El yo es otro/ que
te persuade”, como señalaba Nietzsche, cuando estamos en soledad, no estamos
solos, siempre somos dos y cuando llega el otro a interrumpir esa soledad,
entraría a ser un tercero.
Herederos de la cultura occidental, los
filósofos nos ha enseñado que la razón y la emoción no pueden mezclarse, hemos
sido escindidos de esta unidad humana, la razón siempre ha prevalecido como
imperativo de la filosofía, la cultura, la ciencia, la vida misma. Se ha hecho
una yuxtaposición entre la razón y las emociones, la educación tradicional nos ha dogmatizado,
no está bien visto mostrar y demostrar el amor, la rabia, la tristeza, el
dolor, la desesperanza, el miedo, la orfandad, aquello que nos hace vulnerables.
Gracias al arte, a la poiesis, ha sido posible volver a la unidad de la
razón y la emoción, y eso es lo que encontramos en estos Poemas del
desasosiego, una reflexión acerca de la condición existencial de una época
en que los juegos del poder, las relaciones entre seres humanos, el mero
transcurrir cotidiano se pone en tela de juicio, :“No creo en el aquí y en el
ahora/ pero a veces ni siquiera creo en lo que digo, / ni digo lo que realmente
creo.
Las emociones aquí están tejidas con
unas costuras muy sutiles a través del río de dudas y certezas del monólogo:
“Tanto dolor para hacer / que alguien nos ame / tanta angustia para evitar/ que
alguien nos olvide”. En este trabajo poético se perciben las resonancias
filosóficas y poéticas en Carlos García, no en vano su formación filosófica.
Por estos espacios hacen eco Heidegger, Nietzsche, Sartre, Sócrates, el saber
desbordado que se repite a veces como pesadas sombras : “De tantas sucias modas
/y de tantos “yo sé lo que tu no sabes”/ de tanta ignorante sabiduría/ de
tantas parcelas omnipotentes / cansado de vivir haciendo ecos.”
“El mundo
es de quien no siente. La condición esencial para ser un hombre práctico es la
ausencia de sensibilidad. La cualidad principal en la práctica de la vida es
aquella cualidad que conduce a la acción, esto es, la voluntad. Ahora bien, hay
dos cosas que estorban a la acción –la sensibilidad y el pensamiento analítico,
que no es, a fin de cuentas, otra cosa que el pensamiento con sensibilidad”.
Expresa Pessoa en El libro del Desasosiego. O la sensibilidad del pensamiento,
en esta experiencia de leer a Carlos García, cuando dice: “cansado de amar el
deber/ y de deber por amar”o “Cuidar de los bienes /más que de la propia vida”
. Y, en El poema de los objetos:
“Huyo de mí mismo/ me oculto, me niego/ porque voy en pos de los objetos/ y
nunca de mí mismo.”
La presencia del tiempo enfrentado al ser, es
otro de los elementos que permean la poética de los poemas en cuestión. El
tiempo como ese monstruo de mil caras y de ninguna: “Los otros devoran tu
tiempo/ los otros que prescinden de ti/ como de ellos mismos (…) los otros que
son/ y no son tu/ fuera o dentro/y que devoran sin temor tu tiempo/ tu
miserable tiempo” O en su poema El ser en
la oscuridad: Mira lo pasado dándote la espalda/mira lo futuro viéndote de
reojo/ mira el torrente de los/ días que pasan/ mira la negación de tu
muerte/la muerte por tu arrogante afirmación.”
Y el
amor que es un pozo donde abreva la vida pero también la muerte, se presenta
aquí en un tono de nostalgia y de ausencia, de bendición por el cuerpo de la
mujer amada, quizá en estos breves poemas se hizo una fisura de sosiego que
rompió con el tono claroscuro del libro.
Otras resonancias desde la poesía se pueden
encontrar en la poética de Carlos como un juicioso lector y degustador de la poesía
pues siempre que nos encontramos en los pasillos de la universidad, lleva uno o
dos libros de poesía en sus manos, y los muestra con orgullo y apasionamiento,
son los ecos de la poesía oriental con su maravillosa sencillez, sabiduría y
brevedad. Tal vez por esta razón en uno de sus poemas, habla de los apegos, de la
dependencia a las cosas que compramos y nos olvidamos de lo que recibimos, “de
la piel ajena y sus anhelos/ y te aferras sólo a tu propia sombra/ (…) aún
cuando sabes / que uno no debería depender/ de cosas, personas y deseos.”
También hay un poema dedicado a Tomás Transtromer, premio nobel de literatura
que justo, murió en días pasados y dice en alguna de sus líneas: “Bella la
venganza / que se queda sin respuesta/ la respuesta que culmina en el
silencio.” Otro poema dedicado a Si Kongtu, a Ungaretti, a Gong Biland en el
que se puede leer: No eres nadie/ y vas quedando sin horizontes/ sin alguien
que te recuerde/ sin alguien a quien recordar”.
Y desde luego, la voz de Calderón de la Barca,
Nietzsche, Pessoa, Quasimodo, Omar Jayyam, como epígrafes de cada uno de los
apartados de Poemas del desasosiego.
Estas cortas alusiones, son apenas una invitación para leer a Carlos García y
acompañarlo en este viaje de luces y sombras y decirle algo que él ya sabe: “la poesía es la única compañera, acostúmbrate
a sus cuchillos que es la única”, como sentenció nuestro gran poeta Raúl Gómez
Jattin.
Nana Rodríguez Romero
Tunja, marzo 30 de 2015
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