domingo, 8 de febrero de 2009

El pozo y el pendulo



El pozo y el péndulo:

Un descenso a los infiernos



Nana Rodríguez Romero

La oscuridad de las tinieblas sobrevino; todas sensaciones parecían sumergirse como una zambullida loca y precipitada del alma en el Hades. Y el universo no fue más que noche, silencio, inmovilidad.
(fragmento)

Los arquetipos considerados como formas existentes y heredadas, cuyo conjunto constituye la estructura del inconsciente, como señala Jung, subyacen en el inconsciente colectivo y necesitan de un modo de expresión que corresponda a una de sus posibilidades que puede ser el plano del lenguaje. De esta forma la manifestación del mito en la literatura contemporánea, es la resurrección o re-creación de los temas clásicos o mitemas, expresión tomada “siguiendo las tendencias de la lingüística moderna, para la unidad del mito”(1978:52)

El escritor como partícipe de un inconsciente colectivo, toma como herramienta de expresión a la escritura, para desentrañar las imágenes enraizadas en los mitos primitivos como el Mito de la Caída, el mito del Paraíso Perdido o edad dorada, el mito del Descenso a los infiernos, el mito Adámico, el mito del Cielo o el mito de una sociedad comunista, etc,.

Edgar Allan Poe en su cuento El pozo y el péndulo, revive uno de los mitos tradicionales en la historia de la literatura: el mito de la Caída, o, el Descenso a los infiernos. Ya en la Divina Comedia, La Ilíada, La Odisea, el mito de Orfeo y Eurídice, hasta el mito bíblico de la caída de Lucifer en Milton, el héroe como iniciado, es sometido a ciertas pruebas con la perspectiva de alcanzar la divinización, la inmortalidad, el amor y, en el caso del recusante de Poe: La Libertad.

Según las teorías formuladas por Luis Villegas respecto de la estructura mítica en el proceso de la aventura del héroe, combinado por los mitemas estudiados por Joseph Campbell, el héroe pasa por diferentes etapas: Primero, la vida que se abandona, segundo, la Iniciación en sí o la adquisición de experiencias y la tercera etapa, la vida del iniciado, triunfo y fracaso del héroe.

Trasladando esta estructura mítica al relato El pozo y el péndulo, empezaremos por aludir al mitema del Llamado, donde el héroe puede obedecer a su propia voluntad para llevar a cabo la aventura como en el caso de Teseo o Don Quijote, o puede ser empujado como Odiseo, o sometido, en el caso del condenado de éste relato. Un segundo mitema en esta primera etapa, es el Maestro o sacerdote encargado de la iniciación. En el relato este maestro está representado por los jueces de la inquisición que condenan más que conducen al castigado a sumergirse en esta prueba o viaje. El símbolo del Maestro representa al conductor, al que enseña o devela algunos misterios vedados para las personas comunes y corrientes que no pertenecen determinado grupo o secta o religión como en el caso de Zorastro en La flauta Mágica. La Inquisición, devela, muestra y hace sentir al recusante de Poe las verdades descarnadas, el horror de las tinieblas.

El “cruce del umbral” denominado por Campbell como un abandono del mundo y el primer paso hacia lo desconocido, se manifiesta en el momento en el cual nuestro héroe escucha su condena y delirante por el horror, observa las velas como espectros, para sumergirse en la negrura, en el rápido descenso al Hades. Una vez que el personaje ha abandonado su propio mundo, ha sido desarraigado de su centro, debe enfrentarse con personajes u objetos que le crean obstáculos y dificultades, terror y miedo. La primera experiencia de la caída en el abismo de la prisión, es la oscuridad, la noche, antecedida por un desmayo o inconsciencia. El miedo a la oscuridad, emparentado con el miedo primitivo de La Caída, “de la caída de la oscuridad, preparan dramas fáciles para la imaginación inconsciente” nos recuerda Bachelard (1986:116. Aquí el autor alude al ya mencionado inconsciente colectivo que aflora cuando estamos dormidos, experimentando la caída, que tiene su origen en el recuerdo de hechos vividos por una raza del pasado, remanentes de los primeros tiempos.
La aventura de la noche como la llama Villegas, es el descenso a los infiernos, es la muerte mencionada tantas veces por el protagonista del cuento de Poe, la caída en el abismo. “¿Qué es? ¿Cómo distinguir sus sombras de las de la tumba? La caía produce vértigo, el descenso a la mazmorra, a la oscuridad insondable del abismo, es la más espantosa noche donde el ser se hunde en su culpabilidad”(1986:121), manejado por manos invisibles que están arriba, observándole, dioses poderosos que castigan, que arrebatan el paraíso al hombre dejándolo sumido en el desarraigo y la orfandad, enfrentado a sus propios dominios, sorteando las pruebas ontológicas más espeluznantes en las fauces del pozo insondable como símbolo de muerte.

El mitema del descenso a los infiernos se relaciona con lo que Campbell llama “el vientre de la ballena”. El protagonista sufre la permanencia en el interior de un vientre que es la oscuridad, la negación de la vida en el mundo exterior. La interpretación mítica se halla en la antigua idea de que el sol, durante la noche, atravesaba los abismos interiores experimentando una muerte seguida de una resurrección (1978:116). El sumergirse en las entrañas oscuras se interpreta como ese morir-renacer que es la caída íntima, o en el plano psicológico como una inmersión en el inconsciente.
Cirlot en su diccionario de símbolos, al citar a Jung, recuerda ejemplos clásicos de la literatura, sobre manifestaciones de este mitema: el descenso a los infiernos narrado por Virgilio y en La Biblia, el pozo en que los hermanos sumergieron a José y, Jonás en el vientre de la ballena .

Uno de los aspectos más interesantes de este mitema en la literatura moderna es su recurrencia que se concreta el tema de la cárcel, señala Villegas. En el pozo y el péndulo, la cárcel, la mazmorra a la que es confinado el recusante, está sumergida en las entrañas de la tierra, es estrecha, húmeda, destructora; con un pozo, unas ratas, un péndulo y unos muros abrazadores donde los sufrimientos morales y físicos no cesan. El hombre se encuentra allí purgando una pena, es culpable de ser recusante, es decir, no querer aceptar o admitir una acusación, pasa las pruebas de la oscuridad, el pozo, las ratas, el péndulo, el fuego, para hallar la libertad de manos de una fuerza externa que lo saca de los horrores de la caída en estas profundidades.
Expresa Cirlot que desde el punto de vista simbólico y al margen de la realidad ultramundana, el “viaje a los infiernos” simboliza el descenso al inconsciente, la toma de conciencia de todas las posibilidades del ser, en lo cósmico y en lo psicológico, necesaria para poder llegar a las cimas paradisíacas, excepto en aquellos seres elegidos por la divinidad , que logran por la vía de la inocencia esa penetración. El infierno refunde las imágenes de “crimen y castigo” , como el purgatorio de las de penitencia y perdón.

El suplicio del pozo en la mazmorra es para el recusante como la expiación para sus pecados; el pozo “típico del infierno y considerado por los rumores como la última Thule de todos los castigos”. Sólo en el descenso a los infiernos el espíritu del hombre es capaz de soportar las pruebas, por eso se dice que la Caída es ontológica; en este relato, la Caída o el descenso está presente después de esa “oscura obertura” al hades, el protagonista recupera paulatinamente la conciencia. El relato mantiene en su estructura y su sentido, la unidad de la sima(1986:122). El pozo se mantiene en la mazmorra como miedo permanente y final, el péndulo desciende, las ratas descienden al pozo, el reo desciende en sus intervalos de inconsciencia a diferentes infiernos; el Hades de la oscuridad, el infierno del pozo, las incandescencia de los muros,; como una inmersión en el mundo de las pesadillas. Sin embargo, como todo héroe, en la estructura mítica de su aventura, mantiene la esperanza en la vida, lucha hasta el final con los monstruos, pasa las pruebas con la única arma que lo acompaña: la razón y el deseo de libertad.
La Inmersión en la mazmorra, es un morir-renacer; cuando el ser del hombre “toca fondo”, toca los umbrales de la muerte; de inmediato, renace el deseo de ascensión o resurrección, representado por el brazo redentor del general Lasalle.
En la tercera etapa de la aventura mítica, una vez superadas las dificultades internas o externas, el héroe según Cambell, regresa al mundo del cual había salido; regresa enriquecido o derrotado por la experiencia, en este caso, regresa a la luz para escribir su historia y dar a conocer al mundo su experiencia. Este mitema del regreso vendría a ser entonces la situación en la que el protagonista siente la necesidad de volver a su antigua forma de vida, con nuevos conocimientos acerca del horror que produce el descenso a las profundidades del averno.
Es posible que el personaje de “el pozo y el péndulo” haya experimentado este descenso a los infiernos como una especie de sueño, elemento representativo en la obra de Poe al referir la realidad al sueño, en ese umbral donde los relatos quedan suspendidos en un estado subjetivo entre lo real y lo onírico, entre la realidad y el mito.

Bibliografía

ALLAN POE, Edgar. El gato negro y otros cuentos. Edit. Norma, Bogotá, 1992.
BACHELARD, Gastón. El aire y los sueños. Fondo de Cultura Económica. México, 1986.
CIRLOT, Eduardo. Diccionario de símbolos.
VILLEGAS, Luis. La estructura mítica del héroe. Edit Planeta. Barcelona, 1978.

Fotografía de Jaime Rodríguez Romero

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